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"Amor - Ideología"

“Qui si convien lasciare ogni sospetto; / Ogni viltá convien che qui sia morta” [Déjese aquí cuanto sea recelo;/ Mátese aquí cuanto sea vileza. (Dante, La divina comedia)] “No podrían juzgarme porque hice lo que hice. Si actué de esa manera, fue por algo que sentí dentro mío, y nunca lo entenderían, justamente por no estar en mi interior, con mis contradicciones y mis pesares y mis alegrías de todos los días. Y quiénes son ustedes , por qué se creen con derecho a portar la espada y amenazarme, como a Damocles, con derrumbar tantos sueños, tantos intentos de vuelo, y, para darles la razón (sé que les gusta que les den la razón), tantos deseos de estar equivocado. Servir la comida por la derecha, retirar los platos por la izquierda, ‘por favor’ y ‘gracias’, esto está bien, aquello está mal. Todo eso está impuesto y dispuesto para amoldar la conducta en dirección a lo banal y no enfocarse en lo realmente importante. Sino, cómo se explica que, hasta no hace mucho, el refrán por ...

Quién Sabe...

“¿Qué es esta sensación? ¿A quién tengo que realmente rendirle cuentas, si es que realmente tengo que rendir cuentas?. No sé porque tengo este sentimiento amargo dentro mío, me siento una perfecta basura. (primer hora de tren camino a casa). No puedo desprenderme de esto. El sentimiento de creer estar arruinando algo, y ver que se va todo al quinto carajo... entiendo que no se puede quedar bien con dios y con el diablo –como dice la gente- pero al menos quisiera quitarme esta sensación de “cuasi-culpa”, una culpa que se queda a mitad de camino, porque todo esto que (creo que) nos pasa no es posible (no puede serlo). Imposible. Imposibilidades que vuelan a nuestro alrededor, están aquí, se sienten flotar en el aire, resueltas, muy cómodas y manifiestas. Se instalan, nos hostigan, nos hieren y nos obligan al silencio, a dejar pasar la oportunidad –de quién sabe qué, pero dejándola pasar lo mismo- callando... ¿Por qué volví a ver la foto? Quién sabe, fue como una suerte acto reflejo, casi...

Mientras camino

“De vez en cuando se me ocurre pasar por aquel lugar donde me besaste por primera vez. De vez en cuando, otra vez la imposibilidad de no reconocernos en este espacio y en este tiempo, me da un golpecito en la nuca. Reconocer... hace varias noches (en sus más altas y profundas horas) pensaba sobre eso. Reconocer, re-conocer, volver a conocerte, a intentar otra vez (pero esta “otra vez” en serio) apostar a poder compartir algún que otro momento juntos. Y todo es lindo por un instante , estoy en calma, una paz como negociada conmigo mismo. Puedo pensar tranquilo y todo está bien (es más, a veces esa paz se funde con un amanecer, y un frío matinal, violeta, pero ocurre sólo a veces, aunque alcance para sentir eso que llamamos “felicidad” ahí a mi lado, acompañándome); en esos instantes donde me reconcilio, se me ocurre pasar por ese lugar donde me besaste por primera vez, aquella noche donde todo pareció haber estado dicho, sin que hicieran falta las palabras. Cuando me hablabas y me so...

"Agrego una estrella más al dibujo de tu recuerdo..."

“Igual, creo que lo mejor va a ser olvidarme de vos, es decir, tengo que lograr eso de que los recuerdos no duelan (o por lo menos no tanto) cada vez que mencione tu nombre, cada vez que la locura me invada y me haga gritar, debo entonces saber controlar –reprimir, suspender, adormecer-, todo esto que siento, y que cuando me pregunten por vos, poner mi mejor cara de imbécil y fingir que ya no duele, que es verdad (a fin de cuentas) eso de que en el pizarrón de la vida los mejores borradores son el tiempo y el silencio . Pienso, ergo, te extraño... (y después del “ergo” muchos sentimientos: te necesito, te amo, te busco y no te encuentro...). No es tiempo ya de reprocharme lo que hice, ni por qué lo hice, ya que en este momento no estamos juntos. Cada vez que apoyo la lapicera en un papel es para escribir tu nombre, a veces también junto con el mío, viviendo de pasados ya lejanos, viviendo de recuerdos, esos mismos que hoy duelen y que tengo que aprender a que no me torturen. ...

¿Qué Puedo Decir?

" T e extraño . Me apego a tu recuerdo, a lo inconcluso de eso nuestro que empezaba a nacer. Inconcluso como la novela que jamás terminé de escribir, y que descansa en borrador en el cajón con tantos otros recuerdos. O como ese libro de Max Weber que comencé hace algunos años, y el señalador se perpetuó en la página ciento cuarenta y ocho. Parece que, como dijo Cortázar en aquel poema, la única forma de encontrarme es en mi matecito amargo; puesto que intenté mezclarme, escabullirme, filtrarme en tu vida, poniendo el corazón delante y algún que otro prejuicio atrás, y ya ves cómo se fue desenvolviendo todo. Está lloviendo, y hoy la lluvia es un poco más amarga que otras veces (no sé si lo sentís de la misma forma), parece un llanto lento pero que desgarra, gota a gota en mi ventana, el llanto se va dibujando, las primeras luces de la noche asoman como ojos fijos color naranja, rojo, ojos fijos que parece que me están mirando inmóviles, inquisidores, contemplando, silenciosos...