"Nos despedimos, un beso amistoso tan cerca de la boca, y todo se detuvo, para sentir en mis sienes el corazón latiendo el alma latiendo, como intentando salir ese beso clausuró la noche (y que tal vez vos ni advertiste), inmovilizándome por completo tan cerca, desesperadamente tan cerca de donde se unen los labios, cerca del punto final de la boca que evita que ‘ beso, ergo sonrisa ’ sea literalmente de oreja a oreja. Y ahí –eterna- tu boca: inocente, infinita, increíble. Tanto, tanto sentir brotando por la piel, las manos que tiemblan, la voz que no sale, no hay sonidos, pese al alma latiendo, ganó el silencio. Y bajaste del auto, risueña, tan divertida, somnolienta y soñadora esa noche. Con la alegría en cada paso, en cada risa, hasta en la forma de encender cada cigarrillo nocturno. Uno, dos, seis, diez pasos hasta la puerta de tu casa dejándome perturbado, inmóvil, sin reacción, inmerso en el ‘no-tiempo’ de tu beso. Tan cerca tu boca de mi boca, tan...