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CAPITULO III - "Palabras finales para la mujer de la sonrisa perfecta."

“Ay, mujer de la sonrisa perfecta… -suspiró en aquella noche extrañamente fría- cuántas noches más habré de pensarte, cuántas hipotéticas situaciones que nos encuentran de la mano, juntos pese a nuestras diferencias, deberé seguir imaginando hasta lograr alcanzarte…
Pero qué difícil se me hace llegar a vos, a tu cariño. Siento que no alcanza con quererte como te quiero, pensarte como te pienso, ni sentirte y extrañarte como así lo hago.
Mujer de la sonrisa perfecta. Si pudiera cambiar esos actos del pasado que tanto te lastimaron. Si pudieras entender que desde que te conocí todo ha sido alegría y renovadas esperanzas y que ahora (como ves) todo se está derrumbando, sentimientos corroídos que me muerden los tobillos, esa incomodidad de pensarte y repensarte cada noche.
Quisiera poder tener la infantil certeza de que estás hoy pensando en mí, pese al enojo, al consecuente alejamiento y al denso silencio de cripta que nos azota; pese a eso quisiera saber que estás ahí, firme para cuando la caída, dulce para recibirme en tus brazos-refugio, plena, viva, alegre, simple y heroica mujer de la sonrisa perfecta.
Nada anda bien entre nosotros –verdades supinas- y es constante preguntarme qué será de vos, de mí, de todo este cariño que tengo entre las manos y que brota por mi piel, por mis ojos cuando te veo. Me pregunto si estaremos condenados a arrojar contra la pared del olvido y la indiferencia tanto sentimiento. Y todo me desarma. Tu alejamiento que golpea en las sienes, este espejo donde hoy no me veo como siempre, donde tal vez mi cara demuestra que perderte va a ser uno de esos crasos errores que marcan a fuego el presente y repite la tristeza a futuro, cuando la nostalgia y el mate amargo.
Ay, mujer de la sonrisa perfecta –y suspiró nueva e involuntariamente-, te espero y espero que sea lo que tenga que ser, pero no puedo resignar así nomás todo lo que alguna vez sentimos; qué hacer con todo esto, si desde el instante mismo del contacto, desde aquel primer día en que descubrí tanto en vos, te mantuviste presente y ahora todo es pensarte y pensarte y pensarte más.
Cada alejamiento, cada hora que pasa y no estás con tu risa inundando mi mundo, cada momento de este segundo encuentro nocturno con el mate y los pensamientos (sin rodeos pensarte para mí), cada silencio que hiela la sangre, hace que me encuentre raro, desconcentrado y desconcertado. Es que no sé qué va a pasar de acá a un futuro próximo, pero sé que quiero estar con vos.
Si de mí dependiera, borraría el pasado que tanto te atormenta, y comenzaríamos nuevamente, sin traspiés, para ser –como diría Mario Benedetti- mucho más que dos cuando caminemos codo a codo, sintiendo que tus manos son mi caricia, mis acordes cotidianos…
Y otra vez (tu) silencio. Sufriéndolo, invento algún motivo para mentirme –otra vez- que no todo es lo que parece; que tu silencio no es esa ‘bonita forma de poner distancia’ que tanto duele en este momento. Resuelvo entonces la soledad, esa maldita compañera que estuvo tanto tiempo a mi lado y que creí que al conocerte iba a dejarme en paz. La invito a que se siente junto a mí y le cuento esta nueva historia, mis desventajas, mis desamores, mis infortunios. No hace más que escucharme, segura de sí misma porque siempre supo que, aunque anhele estar bien y lo intente una, dos, diez, dos mil veces, voy a acudir a ella cabizbajo, dándole de antemano toda la razón.
No sabés cuánto tardé en escribirte hoy, a pesar de conocer el obvio desenlace, la respuesta fría (“qué lindo lo que escribiste y gracias por compartirlo. Besos”) y sentir en los hombros crecer la distancia que no logro romper y que, si el peso es demasiado, me obligará a tirar la toalla, a abandonar el barco, y a todas esas metáforas que usamos para no admitir -de frente y como un violento cachetazo- que nos rendimos.

Y hoy escribo estas palabras finales, mujer de la sonrisa perfecta, sintiendo que tu felicidad es lejos de mí, tal vez –y más que un tal vez, una certeza que desconozco se impone por sobre toda hesitación- muchos vendrán detrás y lograrán despertar esas risas que otrora te robaba, y te darán el cariño que no pude darte, por ser todo esto una consecución de errores tras errores tras errores, por tantas confusiones y malos entendidos que te alejaron y que esta noche ya no tiene sentido sacarlos a relucir.

 Como si algo entre tanta tristeza pudiera tener un poco de brillo…”
Un Cronopio.

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