Camino bajo esta lluvia de invierno y de infierno y es de noche,
llego a casa y te pienso y escribo otra vez la sentencia de siempre.
En ese triángulo de sentir-pensar-escribir
voy descubriendo lo que a esta altura del partido
(partido que voy perdiendo, por cierto)
aparece como una verdad incuestionable:
no imagino la vida, mi vida, sin vos en ella.
Como si no lo supieras.
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