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Espectadores

Ahí están, al otro lado del mundo 
lejanos como montañas
coléricos mares embravecidos
que no entienden,
y está bien que así sea, 
que permanezcan ajenos
que no sean parte
aunque suene egoísta.
Miran distantes, tal vez hablen
pero este es el límite 
murallas que se alzan,
puentes que, por una vez, no se tienden 
       es preferible que así sea.

De este lado
dos almas que se miran
y miran la noche
Existen en un cubo estrellado 
Íntimo.
Dos manos que casi se rozan
Titubean
se acercan se repelen se vuelven a buscar
Todo en perfecta calma
Hora tras hora
Engranaje del tiempo que lento rueda

[La brasa del cigarrillo
En tus dedos 
El humo que sale de tu boca
Floral, denso, intenso]

Solo espero
y deseo
que este silencio que hoy aturde
y nos separa
y nos somete y que no se quiebra,
sea silencio mas no olvido
como dice aquel poema.
Que todavía me pienses
un poco
en este invierno mustio
desde tu muralla
en la noche estrellada,
cuando los espectadores reniegan
por no poder ver hacia adentro
sospechando, sacando conclusiones 
erradas -implacablemente erradas-
sin saber que no,
que ya no hay dos almas
que se miran y miran la noche 
y que no se teje entre ellos
un silencio cómplice
ni nada de eso.
 
Ellos no lo saben
y jamás van a saberlo 
porque el muro infranqueable sigue ahí
sólo que yo me encuentro 
esta vez, también, del lado de afuera.

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