Ir al contenido principal

Entradas

Los símbolos

La calma que precede a la tormenta la quietud previa al huracán una mano tímida que se posa en otra mano una mirada derribando los muros del miedo el beso que, como fuego, arrasa todo a su paso voces que eclipsan el mundo, haciendo que nada más importe.   “Mel et lac sub lingua tua” miel y leche bajo tu lengua, desplaza todo de mí lo que queda de mí; con tu lengua de leche y miel convierte, por fin, esta soledad en frutos y paraíso Tu sabor dulce de fruta perfecta fresca de plena vida y amaneceres despeinada. Abrazar tu nombre cálido un perfume de caricias que todo lo envuelve tibia mirada nocturna que el sueño impide unos labios partidos, como de sal van buscando tu beso, miel bajo tu lengua Las manos también un símbolo mis manos que construyen, imaginan hacen música para vos,  ayer la hicieron, hoy, aquí y ahora y seguramente la harán mañana evocación poética, ojos como galaxias                       Yo soy mis mano...

Redenciones

Como de un sueño lejano, pero no tan sueño ni tan lejano, contempla admirado, absorto, maravillado, la calma en sus enormes ojos como galaxias, incrédulo ante su sonrisa inabarcable de inexpugnable simetría, cada detalle del marfil infinito de los dientes, la perfecta curva de su nariz, el sabor tan extrañado de su boca. Desconoce a qué razón sobrenatural atribuírselo, pero disfruta el poder recordarla en cada uno de sus elementos; cierra los ojos y sin dificultades la ve, la rearma recorriendo las calles de una ciudad tumultuosa, en un juego de miradas nerviosas, de sonrisas casi secretas, de abrazos cálidos e intermitentes. Verla sostener los libros en sus blancas y precisas manos, leyendo las contratapas de algún clásico, los poemas de oficina de Benedetti, cualquier título de Cortázar que despertara su curiosidad, verla feliz inmersa en esa calle llena de libros, de historia, que se transformaba en testigo de la coincidencia, danzando a su alrededor, recibiéndola. La qu...

Interpelación

Súbitamente te encuentro aquí de nuevo, no comprendiendo bien por qué ni para qué pero algo sí veo claro: no voy a poder dormir.  Tu figura aparece frente a mí y me interpela, tus ojos que bien conozco y que me resultaron siempre tan irremediablemente atractivos, me lanzan la pregunta de la cual no puedo huir.  "¿Qué pensás hacer?", me dicen tus ojos un poco tristes, pero en qué tristeza ficticia te rearmo y te coloco si vos sos vida pura saliendo de tus brazos, de tu pelo, de la planta de tus pies y de tus costados, de tu espalda hermosa y la curva simétrica de tus hombros. Si vos emanás auténtica vida y tus miradas tienen el perfume de lo inolvidable. No, vos no sos tristeza. Yo soy tristeza, y más lo soy en medio de esta soledad que me aplasta como a una hormiga. Y lo sé, pero lo mismo imagino que tenés la mirada un poco triste, solo un poquito, un apenitas. Claramente me equivoco (como en casi todo, como casi siempre), pero es un salvoconducto para no sentirme tan ...

Quemar

Que los encuentros con vos sean mágicos. Que me mires mirarte y jugar una, dos, mil tardes. Recorrernos con los ojos y también con las manos entrelazadas, jugando a reconocerse, soltándose caricia soltándonos besos en la punta de la nariz. Que me cuentes de vos, de tus sueños. Vivir el tiempo, e s t i r a r l o  c o m o  c h i c l e, perdiéndome en el recorrido de los ojos azules que trazan caminos y vaivenes que van y que vienen y se posan en cosas, como pájaros, gorriones azules cuando contás algo con entusiasmo. Prestarte mis libros y que me compartas los tuyos, hablar (sea-lo-que-sea) tirados en el suelo. Verte cotidiana, ser parte de la cotidianidad de tus paisajes. Escucharte decir cualquier cosa, por más pequeñita que sea. Me gusta mirarte cuando me hablás de algo que no logro entender del todo, y tu manera tan resuelta y simpática de explicar. Nuestros encuentros desbordados de tus ojos azules de esperanza. Tus palabras certeras. Reconocernos hoy, con nuestra histor...

Los monstruos.

Siento que me refugio en la madrugada, y no es algo de ahora, ya hace tiempo empecé a darme cuenta que todo pierde sentido (y lo gana a la vez) alrededor de esta hora. Me paseo saltando de red social en red social. La gran F, el pájaro, la cámara. La competencia moral y perritos en adopción, las sentencias en 140/280 caracteres. El ego paisajes autofoto, click, la chica que me gusta con un nuevo amor. Golpe bajo y cuenta de protección. Una, dos, diez veces así. De atrás para adelante, arrastre hacia abajo y suelte para actualizar. Total oscuridad excepto el teléfono. Me destapo un poco una pierna y con ese fresco, una bocanada de realidad que me advierte que hasta ese momento todo estaba viciado; la completa oscuridad en cierta forma me protege de lo que a la luz del día es inevitable: la ropa toda desparramada en el suelo, y sin embargo la piso y sigo. Libros, tambores, cables, más ropa, dinero. Todo en estado catastrófico de abandono y no hago el mínimo esfuerzo por poner un po...